En 2025 le di a mi familia un regalo que realmente terminó siendo un regalo para mí también: les di a mis papás un viaje sorpresa a Corea del Sur.

Si me sigues desde hace tiempo ya sabes que, después de Caracas, Seúl es mi ciudad favorita en el mundo. Haber tenido la oportunidad de compartir ese lugar con ellos fue algo verdaderamente especial.

Ese mismo año también viajé con mis tíos y con la mamá de mi novio. Con ella también fuimos a Seúl, a Suiza y pasamos por Italia.

Después de planificar y vivir todos esos viajes, me di cuenta de algo: viajar con tus papás no es lo mismo que viajar sola.

Hay cosas que normalmente no pienso tanto cuando viajo por mi cuenta, pero que se vuelven muy importantes cuando viajas con ellos.

Estas son algunas de las cosas que aprendí.

Familia reunida en el parque de túmulos de Gyeongju, Corea del Sur

1. El jet lag puede definir todo el viaje

Cuando hay cambios grandes de huso horario, el primer error es subestimar el jet lag.

En nuestro viaje a Corea yo inicialmente quería llegar a Seúl y al día siguiente movernos a otra ciudad. Afortunadamente pensé las cosas dos veces y moví todo el plan un día.

Ese primer día en Seúl fue completamente relajado. Cada quien se despertó cuando quiso, desayunó cuando quiso y en la noche hicimos algo muy tranquilo.

Ese pequeño cambio hizo una diferencia enorme en la energía del resto del viaje.

2. El hotel deja de ser solo un lugar para dormir

Cuando viajas sola, muchas veces el hotel es solo una cama.

Cuando viajas con tus papás, la ubicación importa muchísimo más.

Elegir hoteles céntricos permitió que mi papá pudiera regresar a descansar un rato si lo necesitaba mientras nosotras seguíamos explorando la ciudad.

Eso le dio al viaje un ritmo mucho más natural para todos.

El tiempo y la energía valen oro cuando viajas.

3. No todo el mundo viaja por la comida

Para mí probar comida local es una parte importante de viajar.

Pero me di cuenta de que para muchos papás o familiares, lo importante no es ser aventureros con la comida, sino simplemente comer algo rico y familiar.

Al principio me frustraba un poco estar comiendo pasta al otro lado del mundo en lugar de tteokbokki.

Pero con los días entendí algo importante: no todo el mundo vive el viaje de la misma manera.

4. Estructura + flexibilidad

Hay actividades que requieren planificación estricta.

Por ejemplo, en Corea hicimos el tour al DMZ, la zona desmilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur. Eso es algo que reservas con anticipación y que ocupa prácticamente todo el día.

Ese tipo de planes necesitan estructura.

Pero alrededor de esos planes es importante dejar espacio para flexibilidad: cenas espontáneas, descanso o simplemente caminar sin prisa.

El equilibrio entre estructura y flexibilidad es clave.

5. No a todo el mundo le interesan las mismas cosas

Cuando planificas un viaje para varias personas, es importante recordar que no todos tienen los mismos intereses.

En este viaje descubrí, por ejemplo, que mis papás no estaban interesados en la comida callejera de mercados.

Así que descarté planes que normalmente mucha gente hace cuando visita Corea por primera vez.

No se trata de ver todo solo porque es famoso. Se trata de elegir cosas que realmente le interesen a la mayoría.

6. Las rutinas también viajan

Algo que también aprendí es que viajar no significa abandonar completamente las rutinas.

Mi papá, por ejemplo, habla por teléfono regularmente con algunas personas. A mi mamá le gusta ver las noticias. A la mamá de mi novio le gusta seguir su novela.

Dejar espacio para esas pequeñas cosas también hace que el viaje sea más cómodo para ellos.

Los papás de Laura tomando té juntos en una casa hanok tradicional

7. A veces la comodidad vale la pena

En Busan, por ejemplo, el transporte público funciona muy bien, pero las distancias son largas.

Yo normalmente caminaría o usaría metro todo el día.

Pero en ese viaje contratamos un chofer privado que nos llevaba a los lugares y nos esperaba.

Fue una decisión excelente. Hizo el viaje mucho más cómodo para mis papás y todo fluyó mucho mejor.

8. La energía cambia con los días

En un viaje largo la energía no es la misma todos los días.

Por eso organicé el viaje de dos semanas en Corea de esta forma:

La primera semana visitamos varias ciudades. La segunda semana nos quedamos solo en Seúl.

Cuando ya todos estaban más cansados, bajar el ritmo fue lo que hizo que el viaje se sintiera más balanceado.

Al final, no se trata de optimizar cada minuto. Se trata de distribuir bien la energía.

Estos viajes con mi familia fueron, sin duda, parte de los highlights de mi 2025.

Haber tenido la oportunidad de regalarle a mis papás una experiencia así fue algo muy gratificante.

Planificar un viaje casi completo puede ser desafiante (aunque mi hermana me ayudó un poco), pero tomar en cuenta todas estas cosas hizo que el viaje fuera muy lindo para ellos y también para nosotras.

Porque al final, más allá de los lugares que visitas, lo que realmente queda son los recuerdos que creas con la gente que quieres.

Publicado originalmente en X · Sígueme por allá para más historias de viaje.

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